Necesitamos un salvavidas

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Necesitamos un salvavidas

Necesitamos un salvavidas

Por: Tatiana Cardona López
Docente EAM

Con algunas excepciones, me atrevo a asegurar que hay quienes han cambiado alguna vez la verdad para evitar represalias o peor aún, han dicho una verdad a medias. Cuando alguien emplea el tan popular venga le cuento pero no le cuente a nadie, más tarda en terminar la historia el narrador que en conocerla otro interlocutor al que además se le hace la misma recomendación, en vano por supuesto. En cuestión de horas, una docena de personas conocen ya el que debería ser un secreto.

A pesar de esto, existen personas más evolucionadas que son fieles a la verdad y que mueren con los secretos que alguien les ha contado. Son personas de fiar y tal vez por esa razón, inspiran en los demás un valor preciado que solo es cualidad de algunos: la confianza.

La certeza de saber que la lealtad nunca será quebrantada, nos permite construir relaciones duraderas y transparentes basadas en nuestra verdadera esencia. Y cuando podemos ser nosotros mismos en una relación de amistad, laboral o de pareja, es cuando tenemos la posibilidad de mostrarnos sin máscaras, sin apariencias y sin tratar de agradarle a nadie.

Sabemos que existen personas que jamás defraudarían nuestra confianza sin importar las circunstancias, que nunca faltarían a una promesa y que estarán siempre de forma incondicional cuando necesitemos de su hombro para llorar o de su alegría para festejar. Y es que nadie puede vivir sin confiar en otra persona, contar con alguien es tan vital como el oxígeno. Sin embargo, quien ha vivido la deslealtad conoce de cerca el sinsabor que dejan una mentira premeditada, un secreto revelado o una promesa incumplida.

En nuestra infancia vamos aprendiendo formas de comportamiento que nos construyen la personalidad y de esa manera, nos apropiamos de ciertos valores que determinan cómo actuamos y cómo no actuaríamos jamás. Esos principios de vida son los que rigen todo cuanto hacemos y pensamos, son innegociables. Como lo decía mi profesor de filosofía, “los principios son inquebrantables”, hacen parte de nosotros, nos definen. No podemos ser algunas veces horados y otras veces no. Somos o no somos.

Confiar es sinónimo de tranquilidad y permite descansar las preocupaciones en la seguridad de que esa persona cuenta con nosotros tanto como nosotros contamos con ella. Esa posibilidad es invaluable, porque nos otorga una especie de protección en la que nos sentimos invencibles. Ese vínculo que logramos crear con quienes compartimos la lealtad, es un privilegio que debemos atesorar.

Todas las relaciones humanas que se rompen o se fragmentan, han faltado a la lealtad. Y, aunque existen las segundas oportunidades, es innegable que volver a confiar no es nada fácil. Es un proceso que involucra nuevos acuerdos, aprendizajes y fortaleza. Empezar de cero, reconstruir a partir de lo queda y tratar de trascender el dolor del engaño.

Así pues, cuando confiamos, creemos y mientras tengamos algo o alguien que nos permita creer, podremos seguir cultivando la esperanza y todos la necesitamos como ese salvavidas que nos mantiene a salvo. Uno al cual aferramos cuando parece que nos ahogamos en el mar de realidad que vemos a diario.

 

 

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Somos una institución de educación superior con proyección nacional e internacional, enfocada en formar profesionales emprendedores e innovadores. Estamos comprometidos con la calidad en la educación, buscando, continuamente, mejorar nuestros procesos desde la gestión académica y la investigación.
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