En lo que representa el punto más crítico de las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos en las últimas décadas, el presidente Gustavo Petro lanzó una contundente respuesta a los recientes pronunciamientos de la administración de Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio. A través de un extenso y desafiante mensaje en la red social X, el mandatario colombiano aseguró estar dispuesto a retomar la lucha armada en defensa de la soberanía nacional.
El jefe de Estado, cuya carrera política se cimentó sobre su transición a la vida civil tras la desmovilización del M-19 en 1989, sorprendió al país y a la comunidad internacional al poner en duda su compromiso de no violencia frente a la actual presión de Washington.
“Juré no tocar una arma más desde el Pacto de paz de 1989, pero por la Patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”, sentenció Petro, subrayando que, aunque no posee formación militar, su experiencia en la “clandestinidad” le otorga el conocimiento necesario para enfrentar lo que considera una amenaza externa.
El discurso del mandatario no se limitó a la retórica personal. Petro emitió directrices directas a las bases de las Fuerzas Militares, instando a una suerte de purga interna contra aquellos oficiales que mantengan alineación con los intereses estadounidenses. El presidente fue enfático al declarar que cualquier comandante que priorice la cooperación con EE. UU. sobre la bandera colombiana debe ser retirado por la propia tropa.
La reacción de Petro surge como respuesta a los señalamientos provenientes de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, que han cuestionado la legitimidad de su gobierno y su efectividad en la lucha contra las drogas. Petro rechazó categóricamente ser catalogado como “narco”, apelando a su austeridad personal y a la transparencia de sus estados bancarios como prueba de su integridad.

