A medida que se acerca la jornada electoral del próximo 31 de mayo, la polémica por las reglas de juego en los debates presidenciales ha vuelto al centro de la agenda pública. El senador y precandidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, generó una ola de reacciones al anunciar las condiciones bajo las cuales aceptaría participar en estos encuentros televisados.
Durante un reciente encuentro con medios, Cepeda fue enfático al señalar que su intención es confrontar únicamente posiciones que considera opuestas a su visión de país. “Está muy claramente establecido con quién es el debate en este caso. Son con los candidatos de la extrema derecha”, afirmó el congresista, mencionando específicamente a Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.
Respecto a otros aspirantes como Sergio Fajardo y Claudia López, Cepeda manifestó disposición para sostener “diálogos o conversaciones”, pero descartó medirse con ellos en un formato de debate, argumentando que el país necesita ver el contraste entre dos posiciones radicalmente distintas.
Además de la elección de sus contendores, el senador propuso directrices que han sido calificadas por críticos como una limitación a la espontaneidad informativa, ya que solicitó que los puntos a tratar sean acordados y establecidos con anterioridad. Además planteó que los moderadores no tengan la posibilidad de repreguntar sobre las respuestas de los candidatos.
La postura del aspirante oficialista ha sido interpretada por diversos sectores políticos y en redes sociales como un intento de “blindar” su discurso y evitar el escrutinio sobre temas imprevistos. Para sus contradictores, condicionar el debate no solo limita el derecho de la ciudadanía a conocer las propuestas de manera abierta, sino que reduce el alcance de la contienda democrática a pocos días de las elecciones.

