La Iglesia Católica colombiana asumió un rol mediador clave al convocar ayer a los máximos representantes de las ramas del poder y organismos de control, incluido el presidente Gustavo Petro, en un intento por desescalar la violencia y la polarización política.
Celebrado en el Palacio Arzobispal, el encuentro de dos horas culminó con un acuerdo unánime que insta a “escucharnos, valorarnos y respetarnos como hermanos, a desarmar y armonizar la palabra, y a rechazar todo tipo de violencia”.
Monseñor Francisco Javier Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal, destacó el “clima muy amable” y el “compromiso y responsabilidad” de los firmantes.
La Iglesia no busca un papel protagónico, sino “encender una pequeña llama para mostrar caminos” y replicar estos espacios de diálogo en todo el país.

